Adicciones

Se nos ha otorgado la existencia que se considera como individual, aunque en realidad no lo es, ya que estamos todos unidos siendo uno y lo mismo con nuestro Creador. Nos preguntamos por qué nos hemos alejado en conciencia del Todo y la contestación aproximada es porque se nos ha dado la oportunidad de crear con voluntad propia y así experimentar la vida en la materia física con sus retos, alegrías y sufrimientos, todo para expresarnos como deseamos. Sin embargo, siempre estamos contenidos en Él, no puede ser de otra manera porque Dios no se divide, sólo da libertad a esas partículas de su conciencia para que actúen como lo decidan, pero recogiéndolas después en su Ser Infinito. Todo este proceso se puede resumir en amor, porque por amor da libertad a las partículas de su Esencia para que experimenten toda clase de vivencias y acogerlas de nuevo en su Ser con infinito amor.

Cuando estamos encarnados en la tercera dimensión, decidimos experimentar todo lo que el mundo físico ofrece para desarrollar nuestra creatividad y así contribuir a la creación que es movimiento y expansión continuos. Somos seres divinos que voluntariamente nos hemos limitado en nuestro entendimiento para poder actuar en el mundo material y así experimentar lo contrario de lo que somos para que poco a poco vayamos descubriendo nuestra verdadera naturaleza, que es amor, con el placer infinito que eso confiere.

Al olvidarnos de quiénes somos, de dónde venimos y adonde habremos de volver, nos sentimos solos y abandonados. En ocasiones el ser humano no encuentra el verdadero sentido de la vida y experimenta en el alma una soledad inmensa. Sobreviene un rechazo a los obstáculos que se le presentan en la vida como la falta de amor, dinero o cualquier carencia, que lo empujan a compensarlos con alguna adicción. Estos obstáculos los elegimos antes de encarnar con el objeto de aceptarlos y trascenderlos y la adicción es una forma de evadir esa realidad.

El alcohol y las drogas producen un estado de alteración de la percepción de la realidad que el adicto se rehúsa a vivir. Una vez bajo el efecto de éstas, el individuo no quiere volver a sentir la sensación de infinita soledad y vacío existencial y le crea una dependencia. Por ejemplo, el cigarro produce ciertas reacciones químicas que aparentemente calman la ansiedad y producen una tranquilidad temporal. Así se produce la adicción: el organismo se habitúa tanto a la nicotina, al alcohol o a cualquier tipo de substancia, que necesita que se le proporcione para sentirse bien.

También puede darse la adicción a las personas. Cuando el individuo se apega de tal manera a una persona que sin ella no puede vivir, aunque la relación sea perfectamente negativa porque lo hace sufrir, es porque el sentido de abandono que todos tenemos al creernos separados, él lo tiene en forma exagerada y trata de compensarlo con esa dependencia.

La adicción es una forma de evasión de la realidad. Existen muchas maneras de evadirla. Una de ellas es la obsesión con al trabajo. Trabajar es una actividad que, cuando se vive únicamente para eso, sirve para evitar enfrentar ciertas emociones y problemas de la vida diaria. Otra es la obsesión con la comida, que tiende a compensar ciertas emociones como el miedo, el abandono, la falta de amor, etcétera.

La culpa es un sentimiento nacido del ego, porque una cosa es tomar conciencia de que se actúa erróneamente y tratar de compensar ese error, teniendo al mismo tiempo la intención de no repetirlo y otra muy distinta es instalarse en la culpa por no aceptar haberse equivocado a causa de la propia imperfección. Esto último es soberbia, pues el individuo rechaza el hecho de no ser perfecto, lo que en ocasiones lo lleva a actuar cada vez más en situaciones que le provoquen culpa y así justificar una adicción que la pretende tapar.

El adicto pertenece a un grupo de almas que traen ese gen en su ADN con el objeto de superarlo y buscar la plenitud espiritual en la apertura de conciencia. Este es el caso de una mujer adicta al alcohol y a las drogas que su propia culpa le produjo una terrible enfermedad que le provocó la muerte. Así me habló desde el mundo espiritual:

La adicción es la defensa del alma ante los avatares de la vida en la materia, es la evasión de la realidad, ya que el placer transitorio que ofrece cualquier adicción, cubre por un lapso de tiempo el miedo y el desamparo que se experimenta al no encontrarle sentido a la vida. En mi caso fue para cubrir el sentido de culpa absurdo que ya estaba en mi cuerpo astral como resultado de otras vidas de victimario. En lugar de compensar con servicio y amor, que hice a medias, me sumí en conductas que me proporcionaran culpa para justificar mi adicción, que no era otra cosa que la evasión de la realidad que me tocó vivir. Antes de ir me propuse compensar con servicio y superación de este comportamiento que ya traía de otras vidas.

La religión para mí era un escudo detrás del cual me protegía pensando que si la seguía, eso me salvaría. Ni la seguía realmente ni creía todo lo que decía y por eso vivía culpabilizándome, aunque pensaba que Dios me perdonaría a pesar de mis errores. Ni siquiera solicité la presencia de un sacerdote para que me confesara porque -otra vez la soberbia- me sentía superior a ellos y que mi comunicación con Dios era suficiente. En esto último tenía razón, pero hubiera debido ser con humildad, que fue lo que siempre me faltó. Mi soberbia me ganó y nunca quise admitir que alguien supiera algo que yo no. Aun aquí tengo que quitarme el atavismo de creer que todo lo sé y que lo que me dicen no es cierto.

La depresión es otra forma de evasión. La tendencia, que se trae también en el ADN, es algo que se escoge con la intención de superarla. Lo que la detona es la no aceptación de las circunstancias que se presentan en la vida, lo que produce una serie de desajustes químicos que provocan la enfermedad. Cuando no se atiende puede llegarse al suicidio, que es la máxima expresión del rechazo a la vida como se presenta. He aquí el caso de un suicida que ayudé a encontrar la Luz del mundo espiritual que desde allí me habló.

Carmen, se me permite hablarte para darte las gracias por la ayuda increíble, inconmensurable que me diste al indicarme el camino de la liberación. Como sabes, me suicidé porque no encontraba el sentido de la vida. Me entretenía con festejos para tapar una depresión que no podía controlar. Esa depresión venía de esa falta de sentido de la vida, empezó cuando tuve problemas financieros y  no podía darle todo lo que quería a mi mujer, lo que me frustraba bastante. Cuando la situación económica mejoró, creí que la depresión se acabaría, pero no fue así, me empecé a dar cuenta de la vaciedad de mi vida, de que nada material me satisfacía, pero tampoco busqué la salida, como entrar en conceptos profundos de la vida, todo era reír y pasear. Ahora me doy cuenta de que si hubiera buscado algo de espiritualidad quizá hubiera salido de esa horrible depresión, la cual trataba de esconder en lugar de curar. Aquí he comprendido que es la paz interna que se obtiene a través de dar amor incondicional a todos y generosidad con quien lo necesita. La fiesta está bien como complemento pero no como meta. Ante todo entrar en contacto con tu alma siendo siempre justo y dando amor verdadero a quienes te rodean, sean quienes sean.

La meditación profunda es una útil herramienta que nos pone en contacto con el Todo, por eso es que se experimenta una sensación de plenitud, paz y armonía. Al meditar profundamente nos estamos comunicando con nuestro ser real, que no es separado de la creación, sino parte integral de ella y de Quien es el origen y núcleo de cuanto existe, al que se  le llama Dios, Creador, el Todo, Conciencia Universal. Es en los momentos en los que nos alejamos mentalmente de la tercera dimensión, cuando entramos en relación con la magnificencia de lo que somos en realidad. Somos como gotas de agua del Océano que cuando se unen a Él son el Océano, no hay separación. Esta herramienta nos ayuda a volver a la conciencia de unidad, a entender que no estamos solos ni separados y puede ser útil para el control de la depresión y de las adicciones.

Pero el mejor antídoto de todas estas conductas es la aceptación de lo que nos acontece y de quienes somos, porque todo lo que nos toca vivir lo hemos planeado antes de encarnar para aprender y practicar las diferentes virtudes como la humildad, la paciencia, la generosidad, en suma, el amor en todas sus expresiones, lo que nos llevará a evolucionar y así regresar a nuestro origen.

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