La homosexualidad

English version of this article can be found below.

La homosexualidad es una condición que se elige antes de encarnar como un reto que hay que superar. El sexo se escoge para experimentar las diferentes vivencias que son propias de él, como la creatividad, la fuerza física, la actividad en la organización de la vida material en el caso masculino, y la amorosa compañía de esa organización, la maternidad, el desarrollo de la intuición, cuando se opta por el sexo femenino.

El Yo Superior no tiene sexo, tiene los dos aspectos en él, como todo en el universo, femenino y masculino, activo y pasivo. Si el sexo en el ser humano existe es porque se necesitan experimentar los dos aspectos del ser por separado en el mundo dual.

La homosexualidad no es ni mala ni buena,  es una experiencia más en nuestro proceso evolutivo, es un medio de aprendizaje duro, pues el tener una inclinación sexual distinta de la que se espera, es difícil. Pasar por este obstáculo puede tener diferentes objetivos en su deseo de experimentarlo. Algunos de estos pueden ser: superar el rechazo de la sociedad, trascender el sufrimiento que confiere ese estado, como puede ser la culpa y la falta de aceptación de uno mismo, la falta de una familia convencional, una vida diferente de lo que se espera de la persona y algunas veces apartado del resto de la sociedad.

El amor humano se compone del deseo de unirse a aquello de lo que se ha separado, es decir, lo que en realidad busca el ser humano en el amor terreno es sentirse en unión con otra alma para eliminar el sentimiento de separación. Se logra superficialmente porque siempre persiste ese vació de algo que no acertamos a comprender y que se traduce en la unión con el Todo. No importa quién sea o cómo sea, esa unión nos es necesaria para experimentar el complemento de nuestro ser que se siente incompleto. Este sentimiento proviene de la dualidad que vivimos en la tercera dimensión, al creernos separados de nuestro Creador y de cuanto existe.

La unión entre dos individuos del mismo sexo no siempre es fácil. Cada sexo tiene una energía diferente que tiende a complementarse con su opuesto, por lo que en las relaciones homosexuales siempre estará presente esta carencia. Sin embargo, lo anterior no las hace negativas, solo incompletas al no haber intercambio de diferentes energías, pero cuando hay verdadero amor, éste compensa la falta de la energía contraria.

El sida, a diferencia de otras enfermedades, carga con un estigma social por la asociación que se hace con la homosexualidad, lo que representa un obstáculo muy doloroso para los que la padecen. Ser homosexual y pasar por esta enfermedad puede ser para superar el abandono de la familia, de la sociedad y aún de la pareja. La agonía de este experimento implica una fuerte motivación para buscar otras respuestas dentro de sí mismo y así acercarse a Dios.

Este es un ejemplo de alguien que no supo superar las pruebas que se impuso, sin embargo, su Verdadero Ser se decidió por proporcionarle un obstáculo más difícil para aprovechar su vida.  Así me habló después de su muerte.

Como sabes, fui homosexual y nací en un ambiente de puritanismo absurdo, pero todo eso lo escogí con la intención de vivir vedado del sexo y dedicado a Dios. No quise encerrarme en un monasterio porque hubiera encontrado allí con quien tener sexo y hubiera estado todavía más atormentado con la culpa. Debería haber sido un sacerdote seglar y dar amor a quien sufre.

Nada de eso hice, me envolví en mi ego de sentirme guapo e inteligente y forniqué con quien pude, encontrando así la enfermedad que me mató. Cuando te encontré en tu búsqueda espiritual y con el valor de salirte de las normas establecidas, me di cuenta de que eso era lo que debía hacer, pero no tuve el valor, sólo me atreví a probar algo de esa búsqueda sin adentrarme demasiado, pues eso significaba un compromiso que no estuve dispuesto a hacer.

Pero mi Yo Superior no quiso desperdiciar esa vida y optó por la enfermedad del sida, con lo cual fue evidente mi homosexualidad, que yo trataba de disimular sin mucho éxito. La vergüenza y el abandono de mi familia me hicieron sufrir profundamente. Sin embargo ese dolor me acercó a Dios y puedo decir que morí en paz. Ahora vivo en la felicidad absoluta en un mundo ideal.

Hay muchos que al no aceptar su condición homosexual, son infelices toda su vida tratando de ocultarla. En algunas ocasiones su desdicha los lleva hasta el suicidio. He aquí el caso de un joven que se comunicó conmigo después de suicidarse.

Hoy  me encuentro en la nada con todos mis remordimientos después de haber efectuado esta innombrable tontería. Sé que provoqué mucho dolor a mi familia, pero ya no podía soportar mi situación. Me doy cuenta también que era mi culpa, pues nada hice para hacer algo útil de mi vida, me contentaba con satisfacer mis caprichos en compensación de lo que creía ser una maldición, es decir, mi homosexualidad. Me doy cuenta ahora que hubiera podido actuar de otra manera, dando de mí a los demás, ayudar a quien lo necesitaba, pero me encerré en mi egoísmo y les hice pagar a los demás mi frustración. Estaba desesperado porque me encontraba solo, sin nadie que me amara, cosa de la que me doy cuenta, era gracias a mi carácter desagradable. Me pregunto cuál es el castigo que merezco por haber hecho la idiotez de suicidarme. Siempre me dijeron que lo que les espera a los suicidas es el infierno y no estoy seguro de que esto no me suceda.

Me costó convencerlo de que el castigo no existe, de que debía abandonarse al amor y a la misericordia divina y que buscara la luz. Finalmente lo hizo y se liberó.

Cuando el Ser Superior opta por tomar una experiencia como homosexual, sabe que encontrará múltiples obstáculos, por lo que podemos entender que se trata de almas muy valientes, aunque no siempre logren con éxito lo que se propusieron.

El rechazo del que son objeto en la mayoría de los casos, es muy cruel. El tomar conciencia de que es una condición que eligieron para trascenderla, es un llamado a la aceptación y al amor, en lugar de los juicios negativos que a veces despierta. Nos invita a cuestionar profundamente la forma en que se juzga a los que son “diferentes” en nuestro mundo.

Homosexuality

Homosexuality is a condition that is chosen prior to incarnating as a challenge to overcome. Gender is selected to engage in the different experiences associated to it, such as creativity, physical strength, and activities related to the organization of material life for males, and loving accompaniment for that organization, maternity, and the development of intuition for those who elect to be female.

The Higher Self is genderless, it contains both aspects within, just like everything in the universe: masculine and feminine, active and passive. Gender exists in the human being because it is necessary to experience both of the being’s aspects separately in the dual world.

Homosexuality is neither good nor bad; it is another experience in our evolutionary process, and it is a tough learning pathway given that having a different sexual orientation than expected is difficult. The desire to prevail over this obstacle can have a variety of objectives. Some of them may be: to surmount society’s rejection or to transcend the pain produced by that condition, which could be guilt or a lack of self-acceptance, the absence of a conventional family, a life that is unlike what is expected of that individual, occasionally segregated from the rest of society.

Human love is comprised of the desire to reunite with what we have been separated from, which is to say that what humanity is really looking for in earthly love is to be united with another soul in order to eradicate the sensation of separateness. That is accomplished only to an extent because a certain emptiness that we cannot understand and is translated into unity with the Whole, persists. No matter who we are or what we are like, we need that unity to experience the complement to our being that feels incomplete. That feeling comes from the duality that we undergo in the third dimension, where we believe that we have been severed from our Creator and all else that exists.

Same-sex unions are not always easy. Each gender has a distinct energy that tends to be complemented by its opposite, which is why homosexual relationships will always be characterized by that absence. However, that does not make them negative, rather, only incomplete, since there is no exchange of those energies. But when there is true love, it will compensate for the lack of the opposite energy.

In contrast with other ailments, AIDS is stigmatized by society due to its association with homosexuality, representing a very painful barrier for those who suffer it. Being homosexual and enduring that illness can be to prevail over abandonment by family, society, and even one’s own couple. The agony involved in this experiment is a forceful driver to seek for answers within and thusly, to approach God.

Following is an example of someone who was unable to overcome his self-imposed trials. His True Self, however, decided to pose an even greater challenge for him to take advantage of that life experience. This is how he spoke to me after his death.

As you already know, I was homosexual and was born into an absurdly prudish environment. But I chose all of that with the intention of avoiding sexuality and dedicating myself to God. I didn’t want to enter a monastery because I would’ve found someone to have sex with there, and would’ve been further tormented with remorse. I should have been a secular priest to give love to those in pain.

I didn’t do any of that. I was wrapped up in my ego, feeling so handsome and smart, and I had intercourse with whoever crossed my path resulting in the sickness that killed me. When I found you on your spiritual quest, being brave enough to break away from conventions, I realized that that’s what I should’ve done but I didn’t have the courage. I only touched the surface without delving any deeper because that would’ve involved a commitment that I wasn’t willing to make.

But my Higher Self didn’t want to waste that life experience and chose AIDS, which made my sexual preference obvious no matter how hard I tried to conceal it. Shame and my family abandoning me made me suffer deeply. It was that very pain that brought me closer to God, and I can say that I died in peace. I now live in the absolute joy of an ideal world.

There are many who, in not accepting their homosexuality, are unhappy during their entire lifetime making efforts to hide it. Feeling miserable can occasionally lead to suicide. Here is a testimony of a young man who communicated with me after killing himself.

I’m in the nothingness of my regrets today, after having committed that unnamable, foolish act. I know I caused a lot of pain to my family but I couldn’t cope with my situation any longer. I also know it was my own fault because I never did anything useful in life. I was contented to satisfy my whims to compensate for what I believed was a curse, that is, my homosexuality. I now realize that I could have acted differently, being giving, helping those in need, but I was trapped in my selfishness and made others pay for my own frustration. I felt desperate because I was alone, with no one to love me. I realize that it was due to my unpleasant personality. I ask myself, what is the punishment I deserve for having been such an idiot to have committed suicide? I was always told that hell is awaiting those who kill themselves and I’m not certain that that won’t happen to me.

It took a while for me to convince him that punishment does not exist, and that he should abandon himself to divine love and mercy, and seek the light. He finally did just that and was released.

When the Higher Self opts for an experience such as being homosexual, it knows that there will be various hurdles to surmount, so we can infer that these are very brave souls although they do not always succeed in their purposes.

The rejection they face in most cases is extremely cruel. Becoming aware that it was a chosen condition in order to transcend it calls for acceptance and love rather then negative judgments it sometimes elicits. It is an invitation for us to profoundly question the way in which those who are “different” are judged in our world.

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