El mundo dual, el tiempo y el espacio

El sentido de la vida en la tercera dimensión es redescubrir nuestra esencia, la partícula de conciencia divina que es nuestro verdadero ser. Cuando estábamos en el “Paraíso” no éramos conscientes de la maravilla que es el Absoluto, porque allí nos originamos y era todo lo que conocíamos. Aunque el Absoluto es lo único que tiene existencia real, hubo quienes quisimos experimentar lo que nos permitiera comprenderlo y apreciarlo. ¿Cómo  podríamos probar algo fuera de lo único que existe?

Se decidió entonces densificar la energía  universal que se origina en el Creador y que conforma cuanto es.  Eso dio lugar al mundo dual donde todo tiene su opuesto: bueno y malo, caliente y frío, grande y chico, luz y oscuridad. No obstante, este plano no tiene realidad intrínseca, es un sueño que se vive para apreciar, después de múltiples experiencias, la totalidad del Absoluto, la Luz, la magnificencia y el poder de nuestro Creador.

Decidimos bajar a este denso universo físico para vivir la separación, lo que no somos, lo cual da origen a todas las conductas contrarias al amor, que es unión. Pasamos por la oscuridad ya que ésta forma parte de nuestro proceso evolutivo. Sin embargo, la oscuridad no tiene fuerza en sí, es únicamente la interrupción de la luz y desaparece ante su presencia.

El espacio-tiempo que controla la tercera dimensión fue implementado para que la experiencia del mundo dual y la evolución pudieran tener lugar. Ni el espacio ni el tiempo existen en realidad. El espacio provoca la sensación de separación, cuando todos somos UNO y lo mismo; el tiempo se contabiliza en relación al espacio, ya que tiene efecto en el traslado de un lugar a otro, de un hecho al siguiente. Sin embargo no es así, ya que si la distancia no existe, no puede existir el tiempo. Vamos a aclarar: todo lo que acontece es movimiento simultáneo en un eterno presente.

El tiempo como se conoce en la tercera dimensión no existe, no es lineal. Todo lo que sucede está omnipresente: lo que ha pasado, lo que está pasando y lo que pasará está allí en forma simultánea. Mientras se vive la ilusión del tiempo en el mundo físico, es como si un acontecimiento sucediera después de otro: el pasado ya no existe, el futuro es incierto y desconocido y la única realidad es el presente. No es así, se encuentra todo sucediendo simultáneamente en un movimiento continuo; las decisiones que se toman a lo largo de la vida acarrean el futuro probable que ya está determinado. Esto no quiere decir que se trate de predestinación sino que las decisiones que se toman provocan la serie de consecuencias que ya están determinadas en el futuro probable.

El espacio–tiempo es el medio por el cual se realiza la evolución en el mundo físico. Es necesario porque se vive el olvido de quiénes somos y de dónde venimos, por lo que se necesita vivir la ilusión del tiempo y para que haya tiempo es necesario el espacio. Si hemos aceptado el reto de vivir la experiencia de olvidarnos de todo y reencontrar nuestro verdadero ser, es porque con esas experiencias nos estamos expandiendo y nuestro Creador con nosotros. Él vive en un movimiento y expansión continuos y las experiencias de sus hijos son Él en acción.

La evolución en realidad es un conjunto de acciones que son movimiento y tienen lugar en un eterno presente.  Cuando se habla de movimiento esto puede sugerir el concepto de intemporalidad, pero mientras se está encarnado, no se puede entender con no-tiempo, sólo intuir que así es. De lo que se trata es bajar a la densidad del mundo físico, olvidando que somos todos  UNO y parte integral de ese Ser Supremo que es el principio y fin de cuanto existe. En Él todo se origina en su deseo de manifestación, mediante un movimiento de expansión, para recogerlo después en su Ser y volver a manifestarse.  Al crear, su deseo es compartir su poder y magnificencia con sus criaturas, estando todo lo que acontece dentro de su voluntad.

Necesitamos entrar en el tiempo para compensar poco a poco las experiencias negativas que nos alejan del concepto de unidad. Se empieza con el completo olvido de quienes somos, lo que causa miedo al sentirnos separados del Todo y por lo tanto solos ante el Universo. Ese miedo provoca lo que se entiende por maldad. Es a través del tiempo, el cual da lugar a las diferentes experiencias, que vamos erradicando el concepto de separación para llegar a la unión con todo lo que existe que es Dios manifestado.

Somos cada uno de nosotros ese Dios manifestado, que después de nuestros errores provocados por la ignorancia de lo que somos en realidad, llegamos a verificar lo que es nuestro ser real que es Amor y parte de Dios, no separada sino integral. El Amor es una energía que une al Creador con sus criaturas y éstas entre sí. AMOR es el aglutinador de cuanto es. Nuestra esencia es amor y sin él nada puede existir. Estamos experimentando la ilusión de su carencia para después redescubrirlo y ser UNO con el ABSOLUTO.

The Dual World, Time and Space

The purpose of life in the third dimension is to rediscover our essence, the tiny particle of divine consciousness that is our true Self. When we were in “Paradise”, we were unaware of how marvelous the Whole is because He is our source and we knew no different. Although only the Whole has real existence, some of us wished to experience that which would allow us to understand and appreciate Him. How could we experience something outside of the only existing thing?

It was then determined to densify the universal energy that originates in the Creator and shapes all that is. This led to a dual world where all things have their opposite: good and evil, warm and cold, large and small, light and darkness. However, this plane is not intrinsically real; we reside in a dream in order to appreciate, after multiple experiences, the totality of the Whole, Light, and the magnificence and power of our Creator.

We decided to descend into this dense physical universe to experience separation, which we are not, originating all behaviors that counter love that is unity. We transit through darkness since it is part of our evolutionary process. However, darkness is lacking of power as such; it is just the obstruction of light and disappears in its presence.

Space-time that controls the third dimension was implemented so that the experience in the dual world could take place. Space and time do not really exist. Space brings about the sensation of separateness when we are all ONE and the same; time is accounted for as related to space because it takes effect in the transition from one place to another, from one event to the next. But it is not so in reality because if distance is nonexistent, time does not exist either. Stated more simply: all things that occur do so simultaneously in the eternal now.

Time as we know it in the third dimension does not exist; it is not linear. All things occurring are omnipresent: what has happened, what is happening, and what will happen, are all occurring simultaneously. While we are submerged in the illusion of time in the physical world, it appears that one event follows another: the past does not exist, the future is unknown and uncertain, and the only reality is the present. But this is not so, everything is happening simultaneously, in continuous movement; the decisions we make during our lifetime bring about the probable future that has already been determined. This does not imply predestination, but rather that the decisions made produce a series of predetermined outcomes in the probable future.

Space-time is the vehicle through which evolution occurs in the physical world. It is necessary because we are experiencing disremembrance of who we are and where we came from, thereby requiring the illusion of time, and space is needed so that there can be time. If we have accepted the challenge of living, having forgotten it all to reencounter our true being, it is because we expand and our Creator expands with us through those experiences. He lives in continuous movement and expansion, and what His creatures experience, is actually Him in action.

In reality, evolution is a set of actions that are movement and take place in the eternal now. When speaking about movement, this could suggest the notion of timelessness, but we cannot understand non-time while we are embodied; we can only intuit it. Life is about entering the denseness of the physical world, forgetting that we are all ONE, and an integral part of the Supreme Being that is the beginning and the end of all living things. Everything is sourced in His desire to manifest Himself through expansive movement to later recollect it into his Being, and manifest again. When He creates, it is His desire to share his power and magnificence with His creatures, with all things that occur being within His will.

We need to enter into time to slowly compensate for the negative experiences that distance us from the concept of unity. The process begins with complete disremembrance of our identity, causing the fear of being separated from the Whole, and thereby, feeling alone in the face of the Universe. This fear produces what is known as evil. It is through time, that gives way to different experiences, that we eradicate the idea of separateness to achieve unity with all existing things that are the manifestation of God.

Each one of us are the manifestation of God, who after our mistakes, caused by ignoring what we really are, come to relive the nature of our true being that is Love and a part of God, not separate but integrated instead. Love is the energy that unites the Creator with his creatures and his creatures among themselves. LOVE agglutinates all things that are. Our essence is love and nothing can exist without it. We are experiencing the illusion of its lack to then rediscover it and be ONE with the WHOLE.